“Caja Madrid y Miguel Blesa”
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Desde que empezó la crisis, somos todos economistas. Hablamos y hablamos, aunque al final siempre oyes la misma conclusión: ”habría que mandarlos a todos a su casa, pero a todos ¿eh?..”.
Miren si entenderé poco de Economía, que pensaba que el Estado a la par que inyectaba dinero a las cajas de ahorros, realizaría auditorías profundas para exigir responsabilidades a los directivos que no supieron gestionarlas. Creía que una dádiva de más de cuatro mil millones de euros, bien merecía de alguna explicación para el ciudadano. Como es normal en una profana, estaba equivocada.
Dejé de pensar en el asunto, hasta que apareció en la prensa la palabra “bonus”. No sé por qué, me recordaba a un donuts, de esos que sirven para matar el gusanillo a mitad de mañana. Miré en el diccionario y resulta que sólo me había confundido en el tamaño: es una rosca, pero tan grande, que te quita el hambre de sopetón, de una vez por todas, sin titubeos. Siempre se me ha dado bien la lingüística.
En lo demás soy ignorante y esta legislación me resulta extraña, porque consiente que los directivos de entidades financieras de servicio público, al cesar en su actividad, puedan apropiarse de millones de euros, si lo han hecho bien, como si lo han hecho mal, para qué vamos a andar con cuentas de resultados si lo que importa es que se queden calladitos. Y todo dentro de una legalidad, que más bien parece una corrupción consentida, de esas que no se pueden denunciar y sirven para crear mala bilis.
Cuando a Enrique de la Torre lo despidieron de Caja Madrid, en julio de 2009, le pagaron 4,77 millones de euros. Ahora Miguel Blesa pide lo mismo, la cantidad establecida en el acuerdo de retribución variable de 2006, para directivos cesantes. Fue antes de que ”Espe” usara la lengua, para que él moviera del asiento. Ahora, le congelan el bonus, y le explican que el Estado ha tenido que aportar fondos. El hombre se cabrea y no se conforma porque durante el tiempo que dirigió la entidad, el dinero también era del ciudadano y todo el mundo los cobraba.
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