Carta de despedida a Zapatero
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Lo siento por Vd. Sr Zapatero. Ya está ahí, a la vuelta de la esquina, el venturoso día de su salida del Gobierno. Ya se que a Vd., que es extremadamente orgulloso, le hubiera gustado dejar de ser presidente de otra manera muy distinta, llevándose consigo el cariño y el agradecimiento sincero de todos los españoles. Quería haber salido del Gobierno entre aplausos y por la puerta grande, pero lamentablemente tendrá que hacerlo aprovechando la obscuridad de la noche, y por la puerta de atrás. Los honores hay que ganarlos personalmente, y Vd. no ha hecho nada para merecerlos. Creyó que, como a Julio Cesar en la batalla de Zela contra el rey del Ponto, le bastaría con llegar y ver para vencer.
Llegó Vd. A la presidencia del Gobierno utilizando desvergonzadamente una escalera de muertos y con el salvoconducto de la mentira más odiosa y la impostura de un falso talante. Pero Vd. no vio, o no quiso ver, que el cargo le quedaba demasiado grande, que sus cualidades, tanto innatas como adquiridas, no daban para tanto. Y así es imposible vencer y, por lo tanto, ganarse merecidamente la estima y los ansiados aplausos de la ciudadanía. Hay un dicho anónimo que refleja fielmente esta situación: “Quod natura non dat, Salmantica non praestat” (lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta). Y como Vd., a pesar de las evidencias, siguió adelante con su empeño, se ha ganado a pulso el descrédito y hasta la chufla de los suyos. De aquel aspecto suyo tan cautivador de cuando llegó a La Moncloa no queda ya más que una simple mueca desconcertante y esa sonrisa bobalicona que no sabe qué hacer con ella.
He repasado meticulosamente todas sus actuaciones desde que inició su andadura como presidente y, créame, no he encontrado nada positivo que podamos mencionar. Con su prepotencia reiterada no ha hecho Vd. más que daño, demasiado daño, al conjunto de los españoles. Y que, con ofrecer disculpas, como hace en su carta de despedida, no arregla ya nada. A lo mejor no hubiera hecho Vd. tanto daño con sus desacertadas decisiones, si en vez de ocupas, pone en los Ministerios a personas competentes. Pero no, ha preferido Vd. rodearse de simples aficionados sin talla intelectual alguna y de mujeres de cuota para relleno, y así nos ha lucido el pelo. Y Vd. ha hecho esto, no se si para hacer amigos y premiar fidelidades o para que no le hicieran a Vd. sombra ante los ciudadanos. En cualquier caso, ahora que le va a quedar bastante tiempo libre, le animo a que examine la composición de Gobiernos de otros países, de Francia, de Alemania o de Inglaterra y compare los titulares de esos ministerios con sus homólogos españoles y verá que la diferencia es ciertamente planetaria.
Dice en su carta de despedida que quizás debió “dimitir cuando se volvió necesaria la toma de medidas económicas que Europa exigía y que estaban en clara contradicción con los mínimos postulados del socialismo”. Y no es así, ya que el daño ya estaba hecho. Hubiéramos ganado, eso sí, unos meses para comenzar a poner remedio, pero es que Vd. no debió pasar de la primera legislatura, cuando aún el daño no era tan profundo. De todos modos, es Vd. un presuntuoso imperdonable si, como afirma en dicha carta, llegó a pensar que no podía dimitir porque España le necesitaba para abrir un camino claro a quien le suceda en la dirección del Gobierno y, también, para no perjudicar a “los más desfavorecidos”. Pues convendrá conmigo, que lejos de abrir caminos, los ha complicado aún más y a quien más ha perjudicado es precisamente a “los más desfavorecidos”.
Que “los más desfavorecidos” han sido los más perjudicados con su política errática y catastrófica es evidente. Vd. ha malgastado y derrochado el dinero de todos los españoles, entre otras cosas en comprar la voluntad de los sindicatos, y el apoyo de los de la ceja Ha regalado dinero a lo loco, más de lo que podía recaudar, subvencionando ONGs, casi siempre amigas, utilizando habitualmente el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, regentado por Trinidad Jiménez. Utilizando este mismo Ministerio, ha gastado grandes sumas de dinero para granjearse la vergonzosa amistad de dictadores como los Hnos. Castro, Hugo Chávez, Evo Morales y el impresentable Sultán de Marruecos, Mohamed VI.
Si a todos estos gastos, unimos lo que Vd. fundió con el excusado Plan E, construyendo pistas de pádel, aceras y hasta carriles bici, y lo que se fue con su disparatada Alianza de Civilizaciones, nos encontramos con cifras de dinero mareantes, imposibles de cubrir sin acudir al consabido endeudamiento. Por eso se disparó nuestra deuda en un periodo de tiempo muy corto. De un 35% que teníamos en 2006, subimos a un 70% en 2011. Todo este derroche de dinero ha supuesto que del superávit del 1,9% de 2007, pasáramos rápidamente al exagerado déficit del 11,1% en 2009. Su gestión ha sido tan desastrosa que, para salir del paso provisionalmente, ha optado por habilitar una subida generalizada de los impuestos, sobre todo del IVA. Y esto, como era previsible, se tradujo en una nueva subida del precio de muchos artículos, incluidos los básicos y los de primera necesidad. Y todas estas subidas, no me lo negará Vd., afectan principalmente a las economías más modestas.
Sabe Vd. perfectamente que hizo el ridículo más extremo fingiendo, durante meses, que no había crisis, obviando así las molestas medidas que hubiera tenido que tomar, con el riesgo evidente de perder votos en las elecciones de 2008. Esta postura suya tan mendaz ha marcado indeleblemente toda su gestión económica posterior, dando lugar a esos más de 5 millones de parados que lastran toda nuestra economía. Y de estos 5 millones de parados, ya son muchos los que, agotadas todas las prestaciones oficiales del paro, se ven obligados a vivir de la caridad ajena. No hay más que ver las enormes colas que se forman a las puertas de los comedores sociales de las Iglesia. Y estos sí son de “los más desfavorecidos”. También están entre “los más desfavorecidos”, una gran parte de los empleados públicos a los que Vd. rebajó el sueldo, y la práctica totalidad de los jubilados a los que Vd. arruinó, congelando sus pensiones.
Sus años al frente del Gobierno han sido verdaderamente catastróficos. Cuando todos creíamos que estaban suficientemente restañadas las heridas de nuestra guerra civil, aparece Vd. con su memoria histórica y restaura de nuevo la división y el enfrentamiento entre las dos Españas, la de los fachas y la de los rojos. Ha exacerbado intencionadamente los nacionalismos, sobre todo el catalán, a sabiendas del daño que causaba a España. Y para que no falte nada, se vale del Tribunal Constitucional y mete a ETA en las instituciones del Estado. Menos mal que ahora interrumpe su proyecto sectario de subvertir las instituciones básicas de nuestra sociedad, para dedicarse -bendito sea Dios- a contemplar el paso de las nubes. Lo malo es que tendremos que seguir pagándole más de 140.000 euros anuales de una jubilación que Vd. no se ha ganado.
Gijón, 4 de octubre de 2011
José Luis Valladares Fernández
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