Del socialismo a la pobreza

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Es sobradamente conocida la preocupante frase que, según nos cuenta Dante en su Divina Comedia,  está grabada en el dintel de entrada al vestíbulo del infierno: “Lasciate ogni speranza voi ch’entrate”, abandone toda esperanza, el que aquí entre. Actualmente son muchos los que, como  aquellos que jamás hicieron algo bueno en su vida, deciden imitar a Dante y su guía para que Caronte los transporte en su barca al duro infierno de la pobreza y de la miseria, a donde lleva  siempre el socialismo. Se dejan llevar inocentemente por los acicalados cantos de sirena que, sin complejos y sin miramiento alguno, elaboran cuidadosamente los falsos redentores de los pobres.

La historia se repite y no nos hace falta salir de España para comprobar fehacientemente que, cuando los socialistas manejan a su antojo los resortes del Poder, se multiplica el paro y, en consecuencia, aparecen de inmediato amplias bolsas de pobreza. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, lo ha descrito perfectamente: “Cuando el socialismo entra por la puerta, el empleo sale por la ventana”. La obsesión enfermiza de los socialistas por limitar la iniciativa privada, planificando absurdamente cualquier tipo de actuación individual, tiene estos enormes costes sociales. De ahí el fenómeno evidente de que la mendicidad, que parecía ya erradicada, aparezca de nuevo, y se extienda cada vez con más fuerza, en aquellos pueblos fieles  a la opción izquierdista.

Se da la circunstancia de que los socialistas, además de sus exagerados tintes  intervencionistas, son proclives a establecer elevados impuestos pretendidamente progresistas y, cómo no, tremendamente totalitarios. Con estos ingredientes, no es de extrañar que la pobreza se enseñoree de aquellos pueblos donde gobiernan. Para colmo de males y para perjudicar aún más a los sectores más débiles de la sociedad, se empecinan absurdamente en establecer un igualitarismo imposible a golpe de decreto, sin tener en cuenta la necesaria libertad. Y ya se sabe, la igualdad sin libertad se convierte  necesariamente en una tiranía manifiesta.

Si no hubiera pobreza, los socialistas tendrían que inventársela para subsistir, pues el socialismo sin pobreza real sería prácticamente impensable. Y como los mandarines de turno del PSOE lo saben, procuran mantener anestesiada a toda esa turba de menesterosos que sigue esperando inútilmente la llegada del santo advenimiento laico. Y para conseguir esto, los socialistas utilizan magistralmente los resortes que ofrece el populismo más extremo y siniestro. Se da, además, la circunstancia de que cuanto más pobre es un pueblo, más de izquierda son los gobiernos que salen de las urnas. Y si ese pueblo es radicalmente pobre, sus gobiernos serán, con toda seguridad,  de una izquierda tremendamente radical.

El comportamiento de los socialistas, cuando llegan al poder, es siempre el mismo. Reparten subsidios, sin control alguno, entre aquellas personas que carecen de medios económicos. Se olvidan intencionadamente del sabio proverbio chino que dice así: “no des peces al que tiene hambre; enséñale a pescar”. Y hacen esto porque saben que así tienen comprada su voluntad para futuras contiendas electorales. Por el mismo motivo, despilfarran alegremente enormes cantidades de dinero en subvencionar multitud de proyectos, a sabiendas de que la inmensa mayoría de ellos son  claramente inútiles y sin aplicación  práctica alguna.

Con toda esta serie de gastos, la mayor parte de ellos evidentemente superfluos, lejos de solucionar el problema, lo agravan de manera notable. Dirán una y otra vez que son ellos los que, de este modo, mantienen en exclusiva el bienestar social y que es esta la mejor manera para que, con el tiempo, los pobres dejen de ser pobres. Pero lamentablemente la realidad es muy distinta. Toda esta parafernalia de subsidios y subvenciones a lo loco no hacen otra cosa que generar más pobreza, hipotecando aún más el futuro de nuestra economía. Y como las estadísticas adversas les molestan, tratan siempre de paliar esta situación, por lo que crean cantidad de puestos de trabajo, pero eso sí, todos ellos improductivos. Ahí está, por ejemplo, la multiplicación abusiva de plazas de funcionarios o cargos similares en las administraciones controladas por los socialistas, lo que a la larga se traducirá en una mayor pobreza y, por consiguiente, en más paro y necesidades más acuciantes.

Con el tiempo y como consecuencia de la pésima actuación de los gobernantes socialistas, la situación de muchos parados se agrava de tal manera, que se ven abocados a la mendicidad. Los sindicatos no harán nada por ellos, ya que están centrados casi exclusivamente en asuntos políticos y en acaparar subvenciones. El Gobierno tampoco ya que carece de medios porque los dilapidó tontamente y sin miramientos. Los indignados del 15-M pasan olímpicamente de ellos, pues tienen bastante con sus asambleas laicas en Puerta de Sol o en otras plazas de las grandes ciudades. Así que estos nuevos pobres de solemnidad no les quedan más recursos que las puertas de las iglesias, Cáritas o hurgar en los contenedores de basura situados en las proximidades de los grandes centros comerciales. Quizás esto le de una pista al ex alcalde de Getafe,  Pedro Castro, y comprenda de una vez por qué hay tanta gente que vota a la derecha.

Barrillos de las Arrimadas, 7 de septiembre de 2011

José Luis Valladares Fernández

Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.
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