Demagogia y populismo barato

Publicado por José Luis Valladares 1 comentarios   Imprimir artículo Imprimir

No es de extrañar que el candidato Alfredo Pérez Rubalcaba quiera desprenderse de su segundo apellido. Apellidarse ‘Rubalcaba’ y aspirar ahora, como es el caso,  a ser presidente del Gobierno, es tarea harto complicada. Son muchos los hechos desgraciados que, sin querer, asociamos espontáneamente al apellido de ‘Rubalcaba’. Y como Alfredo Pérez Rubalcaba lo sabe, ha pedido de manera insistente a los suyos que le llamen simplemente ‘Alfredo’ o ‘Pérez’ o, como mucho, ‘Alfredo Pérez’, pero que se olviden para siempre de ‘Rubalcaba’. Buscaba así, de manera tan desesperada, un cambio urgente de look para borrar, o al menos disimular,  la mala imagen adquirida, por llevar tantos años actuando preferentemente desde las sucias cloacas del Estado.

Teniendo en cuenta que estamos ante todo un genio de la maldad política, a cuyo lado  el mismísimo Rasputín no pasaba de ser un simple aficionado, y que participó activamente en todas y cada una de las actuaciones de los Gobiernos de Felipe González  y de Zapatero, utilizando siempre el apellido de  ‘Rubalcaba’, es normal que le consideremos plenamente responsable de las trapisondas y de los escabrosos embrollos que protagonizaron esos Gobiernos. La historia es muy larga. Tenemos, por ejemplo, la actuación de los GAL en tiempos de Felipe González. Estos Grupos Antiterroristas de Liberación, los GAL, decidieron luchar contra la banda de ETA, practicando profusamente el terrorismo de Estado. Y Alfredo Pérez Rubalcaba, entonces portavoz del Gobierno, salió a la palestra centenares de veces para negar una y otra vez hasta la misma existencia de los GAL.

Después de luchar anticonstitucionalmente  contra la banda terrorista vasca, saltándose a la torera hasta las más elementales normas que rigen en todo Estado de Derecho,  buscó la manera de reunirse clandestinamente con ETA. Fue en 1998, llevando ya el PSOE casi dos años fuera del Gobierno, cuando se entrevistó con varios miembros de Batasuna-ETA en la población de Leiza (Navarra). Resulta extremadamente sospechoso que Rubalcaba ocultara  semejante encuentro, de manera cuidadosa e intencionada,  al Partido Popular y, sobre todo,  al mismísimo PSOE. Escama aún más el hecho de que, una vez finalizada tan subrepticia reunión, informara exclusivamente a Felipe González de lo allí tratado, aunque, entonces  el  Secretario General del PSOE era Joaquín Almunia.

Resulta igualmente sorprendente el comportamiento de Alfredo Pérez Rubalcaba a raíz de los desgraciados acontecimientos del 11-M, en los que hubo nada menos que 192 víctimas mortales. Sin ningún tipo de complejos, Rubalcaba tomó el mando de las protestas contra el Gobierno del Partido Popular, manipuló pruebas para que el atentado pareciera obra de Al Qaeda.  Preparó tal embrollo con lo acontecido en los trenes de cercanías que, hoy día, a pesar de haber pasado ya casi ocho años, siguen siendo bastante más numerosos los enigmas pendientes que las certezas contrastadas. La culpa de todo esto, claro está,  era de José María Aznar y del Partido Popular por la participación española en la guerra de Irak. Mientras España entera llora conmocionada a sus  muertos, aparece Rubalcaba y, vulnerando impunemente la jornada de reflexión de aquel 13 de marzo de 2004, pone en marcha un envió masivo de  mensajes despersonalizados para sacar a la calle a unas turbas incondicionales a las que anima con todo su ardor a marchar contra las sedes del Partido Popular.

Por si todo lo anterior fuera poco, nos encontramos con el bochornoso caso Faisán. Se trata claramente de una vergonzosa colaboración con banda armada, auspiciada por la propia cúpula policial. Y los mandos policiales implicados, según todos los indicios, actuaron así con la bendición y la anuencia expresa de miembros destacados del Gobierno, entre los que estaría el hoy candidato Alfredo Pérez Rubalcaba. Más o menos, este fue el desarrollo de los hechos. El 4 de mayo de 2006, un supuesto mando policial pone al corriente a Joseba Elosúa, propietario del bar Faisán, del operativo montado por la policía para ese día en Irún. Y que si sigue adelante con sus planes, sería detenido él y el etarra del aparato de extorsión en el momento mismo en que le entregara el dinero procedente del impuesto revolucionario. Y que si sucedía eso, peligraría seriamente todo el proceso de paz iniciado por el Gobierno y ETA. Evidentemente este vergonzante aviso, frustró el operativo policial previsto para ese día en Irún.

Como no hubo manera de que su gente prescindiera de su segundo apellido, llamándole simplemente ‘Alfredo’ o como mucho ‘Alfredo Pérez’, optó por aparentar una especie de conversión en toda regla, algo así como una catarsis política que le impedía seguir cocinando bazofia en las cloacas del Estado. Su arrepentimiento es tal que, siendo un compendio de lo peor del felipismo y del zapaterismo, quiere desmarcarse, al menos aparentemente, de sus antiguos deudos políticos. Aparenta no tener nada que ver con Zapatero y con sus inoportunas barrabasadas. Aunque ni él mismo se lo crea, nos promete que su campaña electoral va a ser  completamente “limpia”, libre de “insultos, descalificaciones o juicios morales”. Pensando en los ciudadanos, tampoco habrá crispación, pues están más que “saturados” del debate “inútil” del “y tu más y yo también”.

Pero como la cabra siempre tira al monte, Rubalcaba inicia su precampaña electoral anunciando que, gracias a él, no hay que temer atentados de ETA, desde aquí hasta que se celebren  las elecciones. “Nunca desde el 77 hemos hecho una campaña donde no haya estado la sombra de ETA. En ésta no”,           ésta será la primera campaña “segura” porque se va a hacer “sin tener temor a un atentado de ETA”. Y es normal que así sea, ya que ETA está saliendo con la suya y es la que impone sus condiciones al Gobierno. Entre tanto, Rubalcaba aprovecha la ocasión que se le ofrece  para acusar reiteradamente  al Partido Popular de hacer uso partidista de la política antiterrorista. Sin querer, y cuando menos lo espera, le traiciona el subconsciente y aparece el auténtico Rubalcaba que conocemos y que quisiéramos olvidar definitivamente.

Intenta hacernos creer que tiene un proyecto claro y que tiene las claves para solucionar todos nuestros problemas cívicos y económicos. Él sabe cómo crear empleo y la manera de hacer que nuestra economía sea fuerte y competitiva y tenga verdaderas garantías de futuro y que está dispuesto a reforzar  con garantía la igualdad de oportunidades y a promover todas aquellas reformas democráticas que insistentemente demanda la ciudadanía. Por eso repite una y otra vez, aunque sin creer lo que dice,  que construirá “una España distinta y mejor”. Y para lograrlo, se empeña en volver a la superada lucha de clases, instaurando de nuevo las continuas peleas entre ricos y pobres. Quiere que su PSOE fuera reconocible por los antiguos socialistas del siglo XIX. De ahí toda esa falacia montada, a base de demagogia y populismo, sobre el famoso impuesto del Patrimonio, que obligaría a  los ricos a pagar mayores impuestos.

Gijón, 19 de septiembre de 2011

José Luis Valladares Fernández

Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.
VN:F [1.9.7_1111]
Rating: 0.0/10 (0 votes cast)
VN:F [1.9.7_1111]
Rating: 0 (from 0 votes)
Compartir en las Redes sociales y de noticias:
  • Print
  • Digg
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Live
  • PDF
  • MSN Reporter
  • Twitter
  • email
  • Wikio
  • Yahoo! Bookmarks
Categoria : Política 1 comentarios
1 Comentarios
Trackbacks to this post. Thanks for the linkage.
Deja un comentario

Nombre

Correo

Sitio web

*

Artículo anterior
«
Siguiente artículo
»