Devaneos poéticos de Zapatero
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Viendo a Zapatero en la televisión el pasado día 1, me vino a la mente la imagen de Nerón, antiguo emperador romano, cantando sus creaciones poéticas en Neápolis o en el Quinquenal Neronia. De acuerdo con la imagen que de Nerón nos han transmitido historiadores clásicos como Tácito, Suetonio e incluso su tutor Séneca el Joven, a Zapatero solamente le faltaba la lira y la corona de laurel. Yo creo que hasta el estilo poético del presidente del Gobierno español entra dentro de los cánones del modelo utilizado por Nerón: voz impostada y hueca y expresiones jactanciosas y cuajadas de pedantería.
La actuación concreta de Zapatero a que hago referencia, se enmarca en un acto de homenaje en La Moncloa a la prestigiosa alpinista española Edurne Pasabán, ocasión que aprovecha para dar rienda suelta a su vena poética. Comienza con un canto a la resistencia que te ayuda a hacer frente a la adversidad y la incomprensión, tratando de sacar fuerzas de flaqueza. Y así, pensando quizás en sus propias dificultades, le salió esta frase claramente polisémica: “Cuanto más duras parecen las cosas, más fortaleza parece nacer en nosotros; sólo hay que luchar, luchar al máximo y tener confianza en nosotros mismos”.
Transportado por las musas al mundo del ensueño, Zapatero abre el tarro de las esencias literarias y ya no hay quien ponga coto a su verborrea poética. Como está pasándolo muy mal, ya que se ve obligado a tomar medidas impopulares, se mira al espejo y se dice a sí mismo, dirigiéndose a Edurne Pasabán: “Que cada paso sea un paso estratégico, máximo, y que no traicione nuestros valores, los que nos hacen ser lo que somos, los que hacen que otros confíen en nosotros”. Y como no acaban aquí sus males, porque se siente asediado y sangra peligrosamente por la herida de la soledad, trata de sobreponerse y coger moral; de ahí que se dirija a la alpinista vasca dándose ánimos a sí mismo: “siempre hay otra oportunidad si los actos se acompañan de tesón y compromiso”.
Como Zapatero está plenamente convencido de que sus problemas aún tienen solución, no duda en relacionar los momentos difíciles que está viviendo al verse obligado a recortar el asfixiante déficit con las dificultades experimentadas por Edurne para coronar esas imposibles y desafiantes cimas. Por eso adopta un aire solemne para decir que “lo más fértil de la historia está en el ejemplo de quienes horadan barreras y transforman las murallas en caminos”.
Ya nos había dado muestras evidentes de su afición ocasional por la poesía. Un ejemplo claro de su afición por los escarceos poéticos nos lo dio en la XV Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático, celebrada en diciembre de 2009 en Copenhague. En esa cumbre, ante 192 mandatarios, sorprendió a todos transformándose en vate para pedir lealtad “con nuestros pueblos y compatriotas”. Y continuó hilvanando las frases que le iban soplando las musas: “Tenemos que lograr unir al mundo para salvar la tierra, nuestra tierra, en la que viven pobres, demasiados pobres, y ricos, demasiados ricos”. Y casi extasiado sentenció: “La tierra no pertenece a nadie, salvo al viento”.
No acaban aquí sus digresiones bucólicas. Además del canto continuo a la imposible “Alianza de Civilizaciones”, tampoco defraudó ante Barack Obama en el Desayuno Nacional de Oración, celebrado el pasado 4 de febrero en Washington. Allí Zapatero, campeón contrastado del paro, afirma solemnemente: “Quiero proclamar el más sentido compromiso con los hombres y las mujeres que en nuestras sociedades padecen, en estos tiempos difíciles, la falta de trabajo. Todos ellos deben saber que no hay tarea de la que, como gobernantes, nos sintamos más responsables, que no hay tarea que nos acucie más que la de favorecer la creación del empleo”.
Cual juglar experimentado, aunque no por ello deja de ser un rapsoda barato, Zapatero trató de embaucar a la audiencia cuando dijo con decisión: “Permítanme que les hable en castellano, en la lengua en la que por primera vez se rezó al Dios del Evangelio en esta tierra”. Quiso hacerles creer que hablaba en español para homenajear a los que llevaron la fe cristiana a aquellas tierras, aunque todos sus oyentes estaban al cabo de la calle de que es que no sabía ningún otro idioma. ¡Cuánto mejor sería que se dedicara a explotar sus dotes de poeta y no las de gobernante! La mayor parte de los españoles se lo agradecerían sinceramente.
José Luis Valladares Fernández
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17:28
A esos “devaneos poéticos de Zapatero” yo los llamaría “verborrea”, que con ferecuencia ha sido capaz de convencer a muchos como si de un cantico de sirena se tratara. Zapatero fue nombrado presidente para los tiempos de las vacas gordas. Cuando han llegado las flacas, con la crisis, se terminó su recorrido poético. Ahora toca otro discurso, el de la dura realidad. Pero aún así, el “mesías salvador” tratará de entonar nuevos cánticos de sirenas. Pero ya no creo que convenza a nadie.