El puesto del CDS en la política (II)
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“¿Qué es esto que pasa por nosotros?, ¿qué es lo que nos sucede?, ¿qué es esto que has oído? Levántanse de la tierra los indoctos, y se apoderan del cielo; ¿y nosotros, con todas nuestras doctrinas, sin juicio ni cordura, nos estamos revolcando en el cieno de la carne y de la sangre? ¿Por ventura nos da vergüenza el seguirlos, porque ellos van delante de nosotros? ¿Y no tendremos vergüenza siguiera de no seguirlos?”
San Agustín. Confesiones, libro VIII, capítulo VIII
En el apartado anterior planteamos el dilema ante el hecho de sobreponernos a la “etapa zapatero”: decíamos que vienen tiempos de excepcionalidad. Ante ella, todos se postulan como “regeneracionistas”, pues la situación así lo exige.
Nosotros pusimos el ejemplo de la “casa que está destruida” y la cual necesita de un “albañil” que la reconstruya: hasta aquí estamos en el mismo camino; pero es aquí cuando nuestros caminos se separan, sustancialmente, del resto de partidos.
El decisionismo es la consecuencia del “regeneracionismo” y de la “excepcionalidad”, y es la segunda parte (y más importante) del camino del que nos separamos.
Es verdad que estamos a favor de reconstruir nuestra “casa”, como no podía ser de otra forma; pero si los cimientos están “asentados” sobre las mismas “arenas movedizas”, la casa se volverá a caer; es decir, si asentamos toda la estructura social sobre la llamada “restauración”, que no es más que otra forma de “regeneracionismo”, volveremos a “más de lo mismo”.
La situación en la que estamos es consecuencia de que los partidos gobernantes se han asentado sobre el “regeneracionismo”, como ya dijimos: han visto fantasmas donde no los hay, y se han puesto a “salvarnos” cuando no estábamos condenados. La consecuencia del regeneracionismo es el “¡y tú más!”, es decir, que cada grupo se creía con más legitimidad que el contrario para “regenerar” una sociedad que creía “manchada”.
Nosotros no partimos de ese “cimiento” porque vemos que son “arenas movedizas”; para nosotros la “roca firme” está en la propia sociedad, la cual ha de expresarse en el “parlamento”.
Así pues, para que no haya “excepcionalidad” sino sólo reconstrucción de la casa, dicha reconstrucción ha de partir de un parlamento plural, expresión de la sociedad misma, la cual no está “manchada” ni hay que “salvar” de nada ni de nadie; en tal caso, habría que salvarla de los “salvadores” que se presentan como tales.
Esta es la diferencia radical del CDS con el resto de partidos: ante la necesidad de reconstruir nuestro hogar, postulamos el cimiento de la democracia parlamentaria, pues de lo contrario nos llevaría a momentos de “excepcionalidad”, de los que está plagado la historia española reciente.
Un momento importante de ese parlamentarismo es el consenso, del cual tiene que nacer todo el quehacer político; el consenso no es un “añadido” o una consecuencia de una postura que tiene misericordia hacia aquellos que han perdido unas elecciones, y que busca su ayuda para salir de la crisis, no; el consenso es la base en la cual se asienta la construcción de la casa. Y de consensos, el CDS sabe bastante.
Es hora de dejar a un lado posturas políticas de “principios”, y realizar una política de responsabilidad, la cual nace del consenso y del acuerdo entre todas las sensibilidades sociales. La postura de los principios nos lleva a imponer nuestras convicciones, sin tener en cuenta ni a los otros grupos ni a la propia sociedad civil a la que se trata como si fueran unos niños de escuela.
El CDS, pues, no es el “esclavo” que traía el general victorioso y que le recordaba lo rápido que pasaba esta vida, sino que es la forma de hacer política basada en la representación, que nos tiene que alejar de todo tipo de decisionismo, basado en la regeneración.
Antonio Fidalgo
Secretario de Cultura del CDS
Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.
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