El vestiglo nacionalista
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Un partido de centro nos alejará de la vorágine nacionalista, que nunca está satisfecha con sus caprichos y que pagamos todos con nuestra tragedia.
Ponencia ideológica del CDS
En estos momentos en que la crisis nos azota de una forma desproporcionada haciendo que se tambaleen las pocas estructuras sociales que existen, el CDS se manifiesta contra aquellos que se quieren aprovechar de dicha debilidad y proponemos como solución a esta situación dramática volver a lo que son las raíces de nuestra sociedad, que es la propia representación en las instituciones por excelencia, que son el parlamento y los ayuntamientos. Sólo en la medida en que volvamos a nuestra propia representación podremos encontrar el sentido de lo que somos, así como desvelar los despropósitos de aquellos que quieren aprovecharse de nuestra debilidad.
Oímos voces de grupos que plantean el horizonte de la secesión, cuando nosotros denunciamos la locura del nacionalismo; si ese es su horizonte político no entendemos el porqué de su hipocresía. Las prebendas de las que disfrutan los nacionalismos en España son restos de planteamientos que en otros países y en otras épocas tuvieron como consecuencia grandes tragedias. Aquí, en España, se barnizan con planteamientos ideológicos igualmente trasnochados y que sirven de alimento a grupos humanos que viven a costa del trabajo de otros.
Los últimos acontecimientos, que son consecuencias de decisiones desesperadas, como es el permitir el “endeudamiento” de las Comunidades Autónomas al margen del sentido común va a aumentar aún más el empobrecimiento de la población, con el único objeto de que los que están en el poder se mantengan en él, aprovechándose de la falta de estructuras democráticas en nuestro país.
Los ricos se siguen haciendo más ricos y los pobres más pobres, cuando estamos pasando el umbral para entrar en lo que se llama el “tercer mundo”: esta es la “estructura” que vamos a testar a la siguiente generación. Pero preguntémonos qué nos ha dejado a nosotros la generación pasada.
El nacionalismo ha sido uno de los elementos fundamentales de la Europa del siglo XX, y fue uno de los elementos esenciales que caracterizó el régimen político del General Franco; pero, desaparecido éste, el nacionalismo se “clonó” en España, y si en el sistema político del General ese nacionalismo estaba “sacralizado” en el Estado, con la “nueva España clonada” la sacralización se ha mantenido en estructuras de las distintas regiones, violando el espíritu y la letra de lo que Suárez quiso e instituyó para España. Las “castas” sociales siguen vigentes y, exactamente, con el mismo sistema: sólo varía el volumen de lo esquilmado a la sociedad.
Estos “nuevos ricos” se reparten la riqueza y el esfuerzo de los españoles de la forma más descarada; los jóvenes siguen sin tener esperanza y su esfuerzo parece ser “recogido” por líderes europeos que, sabiendo de la labilidad de nuestras estructuras, no quieren que la gente preparada se pierda y por eso le ofrecen trabajo en sus países: parece como si España hubiese quedado anquilosada en la “vulgaridad”, una de cuyas manifestaciones es el nacionalismo.
Quizás todo sea consecuencia de la desesperanza que anida en nuestros sentimientos y de la fatalidad con que analizamos los acontecimientos: si es así, de lo cual estamos convencidos, sólo podemos superar dicho fatalismo con la creación de estructuras sociales donde se puedan verter los sentimientos, porque dichas estructuras respetan la libertad de cada uno: estas estructuras han de nacer de la propia representación de las personas, expresada en el parlamento y en los ayuntamientos. Si las estructuras las hacemos nacer, como ahora, de las ideologías (una de ellas, la nacionalista), la consecuencia es que unas personas están al pairo de otras, acabando en la servidumbre, que es lo que ocurre en la España actual. Por eso proponemos que las estructuras “nazcan” de la representación por antonomasia que es el parlamento, y así estarán asentadas dichas estructuras en la ley, la que nos hace iguales a todos y ante la que nos sometemos todos en plan de igualdad.
Esto no lo entienden ni nacionalistas, ni socialistas, ni muchos de los llamados liberales: están al margen de la representación, y por eso “ningunean” al parlamento, y con él a las personas. Ahora que se acabó el dinero de nuestro esfuerzo, comienzan los disturbios entre “la clase alta”, pero no por ayudar a los españoles sino porque ya no tienen para repartir entre ellos el dinero que esquilman a los españoles. Nosotros no ofrecemos “la calle” sino las instituciones, pues estamos convencidos de que creando unas instituciones emanadas del parlamento y ayuntamientos, nos darán estabilidad y prosperidad. Así ocurre en los países que quieren que vayan nuestros jóvenes a trabajar con ellos, pues no funcionan con “milagros” sino con estructuras democráticas.
Antonio Fidalgo
Secretario de Cultura del CDS
Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.
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