“Listos y Tontos”, esa es la verdadera cuestión
1 comentarios
Imprimir
Todos somos muy listos y sabemos más que nadie de lo que nos conviene y los tontos son los otros. Así nos va, que sabemos elegir muy bien todo, incluso a nuestros representantes políticos. ¡Podemos sentirnos orgullosos, oye!
¿Alguien se cree que es realmente más tonto que su prójimo? Pensemos de verdad y una vez por todas a ver qué decidimos, por favor…. Yo desde luego que sí y os lo explicaré.
Imagínate hasta qué punto soy tonto, que no me creo a ningún político; pero ninguno de ninguno a estas alturas. Ni soy incondicional de siglas, ni de guapuras o estilos ni modas. No me llama lo más atractivo, sino lo que considero original, diferente y a la vez sencillo y con gusto. Lo que analizo, observo con atención y me convence hasta la médula. Soy tan y tan tonto, que no moveré un dedo para tener un autógrafo de nadie, ni aplaudiré unas frases hechas que no vayan seguidas de hechos demostrados. Nunca me creeré aquello que me cuenten de otros a los que no conozca personalmente ni me dejaré influenciar por lo que me aconseje el vecino o mi amigo de toda la vida.
Llego a ser tan y tan tonto, que no he ido nunca a aplaudir a los príncipes o los reyes, o a quién sea que venga a ver mi ciudad más o menos famoso, ni con una banderita en la mano para revolotearla al viento tras de unas barreras de hierro forjado y un cordón policial en uniforme de etiqueta. Ni eso ni nada que no me parezca realmente serio, honesto y sincero conmigo mismo que, entre nosotros, ya tengo que buscar utilizando la lupa que me dejó en herencia mi abuelo para encontrarlo. No veas lo que cuesta hoy en día, encuentro antes polillas que lo que realmente busco que no es otra cosa que la sinceridad.
Las pocas veces que he acudido a un mitin político, jamás he aplaudido las palabras al viento bien sonantes, y claramente estructuradas por asesores bien pagados para ese fín, que soltaba por su boca el político de turno con más obligación por mantener su estatus que por su convicción de lo que leía sin meditar siquiera su significado. Ya ves hasta qué punto se puede llegar a ser tonto, que ahora mismo no tengo ni idea de a quién tengo que votar el día 20 N porque no me creo a ninguno absolutamente de todos esos que se echan las culpas unos a otros y el domingo van a comer al restaurante que más les apetece sin la necesidad de mirar los precios y, a veces, hasta lo hacen juntos que no revueltos, por supuesto. Soy de tonto para arriba, porque tampoco me ha preocupado jamás darle la mano a ningún político influyente ni a su asesor más próximo cuando han venido a mi trabajo a buscar votos.
Que sí se puede llegar a ser tonto sin saberlo y yo soy un claro ejemplo, ya que soy tan y tan tonto, que ni siquiera voy a comprar al Media Markt, imagínate tú si soy tonto, así que mejor no me hagas ni caso y escucha a los que quieren convencerte de algo en concreto, que ellos seguro que son mucho más listos, saben más de todo y encima te echarán una mano cuando lo necesites.
Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.« La necesaria internacionalización del las PYMES Siguiente artículo
Indignados en campaña electoral »







