Paz a cualquier precio

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En vista de que Hitler había ocupado ya por la fuerza el corredor del Rin y Austria, y no ocultaba  su perversa intención de invadir  los Sudetes, el Primer Ministro del Reino Unido, Arthur Neville Chamberlain, viajó a Múnich buscando afanosamente la manera de desactivar aquel ambiente bélico desatado por el expansionismo suicida de los alemanes. Se reunió con Hitler y, después de una dura negociación, firman el Acuerdo de Múnich de 1938, en virtud del cual, el Tercer Reich renuncia a cualquier otra pretensión territorial dentro de Europa a cambio de que el Gobierno de Praga concediera un régimen de autonomía a la región de los Sudetes, de mayoría alemana.  Cuando Chamberlain regresa a Londres y exhibe plenamente satisfecho el acuerdo  alcanzado con Hitler, Winston Churchill le hace bajar de la nube diciéndole: “You were given the choice between war and dishonour… you chose dishonour and you will have war” (Os dieron a elegir entre la guerra y el deshonor… Habéis elegido el deshonor y tendréis también la guerra).

Algo muy similar es lo que ha hecho nuestro Gobierno en su bochornosa negociación con la banda terrorista de ETA. Los socialistas en España siempre han ido por las ramas y en vez de atenerse escrupulosamente a las reglas del juego que vienen marcadas por la ley y el Estado de Derecho, eligen invariablemente los atajos. Lo hicieron, siendo presidente del Gobierno Felipe González del que formaba parte Alfredo Pérez Rubalcaba,  practicando de manera irresponsable el terrorismo de Estado con los GAL. Y lo hace ahora José Luis Rodríguez Zapatero en comandita con el propio Rubalcaba. Y lo hace también obviando la Ley y el Estado de Derecho, negociando directamente con los etarras una paz a cualquier precio, haciendo todo tipo de concesiones políticas. Y como Chamberlain con Hitler, Zapatero se quedará con el deshonor de negociar con ETA que, lejos de disolverse, continuará ahí amenazando y chantajeando al pueblo vasco y a toda la sociedad española.

La historia de una claudicación anunciada es esta. Los trapicheos de Zapatero con ETA comenzaron prácticamente ya en el año 2000, cuando llega de manera inesperada a la Secretaría General del PSOE. En diciembre de ese mismo año, firma en La Moncloa con Javier Arenas y José María Aznar el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, que él mismo propuso al Partido popular. En dicho Pacto Antiterrorista se especificaba claramente que, para pactar con el PNV y EA, era “requisito imprescindible” que estas formaciones políticas rompieran de manera formal con el Pacto de Estella. Muy poco tiempo después, a espaldas del Partido Popular, abría una auténtica negociación política con la banda terrorista vasca.

Para este vergonzoso proceso, Rodríguez Zapatero utiliza al presidente de los socialistas vascos, Jesús Eguiguren que, bajo la supervisión de Rubalcaba, comienza a reunirse secretamente con Arnaldo Otegui en el caserío guipuzcoano de Tsillare. En junio de 2005, el interlocutor de Jesús Eguiguren es el etarra Josu Ternera y comienzan a reunirse en Ginebra con la Fundación Henri Dunant como testigo. De estas reuniones saldrá muy pronto el primer acuerdo de ETA con el Gobierno: la banda terrorista anunciará en breve  un alto el fuego y, por su parte, el Gobierno se compromete a relajar la actividad policial y a propiciar la vuelta de Batasuna a la legalidad. Las actas de estas reuniones y los acuerdos allí alcanzados están en poder de la Fundación Henri Dunant. Fue el 22 de marzo de 2006 cuando ETA anuncia oficialmente por fin el alto el fuego acordado.

En mayo de ese mismo año nos encontramos con el ya famoso caso Faisán. Un oportuno chivatazo policial impide el desmantelamiento de la trama de extorsión de ETA que operaba desde el bar Faisán de Irún. El caso termina en la Audiencia Nacional y desde el Ejecutivo se hará todo lo posible y lo imposible para que se archive el caso. El juez Garzón lo intenta, pero tras su suspensión como magistrado, el caso termina en manos del juez Pablo Ruz, que reanuda la investigación y llega a procesar a tres altos cargos de Interior. El presidente de la Sala de lo Penal, Javier Gómez Bermúdez trata de echarles un capote, convocando un pleno especial que dictamina que no hay pruebas suficientes contra esos mandos policiales y pide al juez Ruz que vuelva a elaborar el auto.

En octubre de 2006 ETA roba en Francia 350 pistolas. Aunque esto indica la falta de seriedad de los compromisos adquiridos por la banda terrorista, continuaron las reuniones a las que ahora acudía, junto con Eguiguren, el ex ministro Javier Moscoso. Los terroristas continuaron planteando las exigencias políticas de siempre: la autodeterminación y la anexión de Navarra. Los representantes del Gobierno en la reunión admiten que se cree una institución común y que sea compartida por el País Vasco y la Comunidad Foral de Navarra. El 29 de junio de ese año, Zapatero rezuma optimismo y adelanta a los suyos que en breve ETA se va a rendir a sus pies y anuncia públicamente que “estamos mejor que hace un año y el año que viene estaremos mucho mejor”. Esta frase no pudo ser más inoportuna. Mientras la estaba pronunciando, ETA colocaba  el explosivo que volaría al día siguiente el aparcamiento de la T-4 de Barajas, en el que perecerían Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate.

Como consecuencia de la voladura de la T-4, Rubalcaba anunció que el proceso de negociación con la banda terrorista estaba roto. Pero dicho proceso se reanudó prácticamente de inmediato, acudiendo a esta nueva tanda de reuniones el amigo de Rubalcaba,  José Manuel Gómez Benítez. Es ahora cuando el Gobierno se compromete con ETA a trasladar a un hospital de san Sebastián al etarra de Juana Chaos después de un simulacro de huelga de hambre y a permitir que la mitad de las listas de ANV, la nueva franquicia etarra, se presenten a las elecciones municipales de 2007. Y todos sabemos el resultado: de Juana Chaos fue excarcelado y ANV, en  aquellas elecciones, se hizo con el Gobierno de 40 municipios y logró más de 400 concejales.

Todo continuó igual durante la segunda legislatura de Zapatero. Los guiños a ETA y el sometimiento cobarde a los postulados de dicha banda terrorista fueron constantes. La mayor parte de los presos de ETA fueron trasladados a la cárcel alavesa de Nanclares de Oca. Se aceptó el concepto de internacionalización del conflicto etarra y se dio carta de naturaleza a los mediadores internacionales, algo que culminó ahora con la reciente y bochornosa Conferencia de Paz. Se utilizó desvergonzadamente al Tribunal Constitucional para legalizar a Bildu para que pudiera presentarse a las pasadas elecciones municipales y forales de mayo. Y esto, a pesar de las indicaciones claras de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del estado y del criterio del Tribunal Supremo.

El resultado, lo conocemos todos. Bildu gobierna ahora la Diputación de Guipúzcoa, el importante Ayuntamiento de San Sebastián y otros muchos municipios de menor importancia. Todo esto no es nada para lo que puede venir detrás. Si no cambian las cosas, Bildu podrá concurrir a las elecciones generales del 20-N y hasta es muy posible que logre tener un grupo parlamentario propio, aventajando incluso  al PNV en el Parlamento español. Y si todo sigue igual, es muy posible que gane las elecciones autonómicas vascas de 2013 y hasta que pueda hacerse con el Gobierno vasco.

Es en este contexto, después de todas estas absurdas concesiones anunciadas previamente por Mayor Oreja, cuando ETA saca este comunicado en el que anuncia “el cese definitivo de su actividad armada”. Tanto Zapatero con todos sus acólitos como Rubalcaba con sus delfines llevaban ya tiempo mendigando esta declaración de la banda terrorista. Lo hicieron hasta de rodillas. Cuando por fin tuvieron ese comunicado en sus manos, como si fueron unos críos, lloraron llenos de emoción y se felicitaban mutuamente porque habían conseguido la hombrada, según nos dicen, de acabar para siempre con el terrorismo etarra. Y además, sin que haya de por medio ninguna contrapartida política. Lo que quiere decir que el trato dado a presos tan sanguinarios como de Juana Chaos y posibilitar que Bildu ocupe las instituciones no son concesiones políticas, son simplemente regalo de reyes.

No quieren ver que ETA,  debido a la política de rendición y sometimiento de nuestro Gobierno, no necesitan matar para conseguir sus fines. No se disuelven, eso no, ni entregan las armas por lo que pueda ocurrir en el futuro. De momento, ya que les dejaron entrar en las instituciones,  les sale más rentable utilizar estas para lanzar sus mensajes a la sociedad y destruir a España desde dentro. En una palabra, nos perdonan graciosamente la vida con la condición de que nos sentemos a negociar la ruptura del País Vasco con España. Pero eso sí, nos lanzan el reto de que, en esa negociación,  no puede haber ni vencedores ni vencidos. Si hay que pedir perdón, tienen que hacerlo los dos bandos. De manera tan cínica nos recomiendan que aprovechemos esta “oportunidad histórica para dar una solución justa y democrática al secular conflicto político”. No hay otro camino para llegar  a “la resolución de las consecuencias del conflicto” bélico, y a “la superación de la confrontación armada”.

No sé de dónde han  sacado los voceros del PSOE que ETA ha sido derrotada en toda regla y que han ganado los demócratas. Una gran mentira, ya que, si ha ganado alguien con este lamentable pacto del Gobierno, ha sido ETA, ya que así está más cerca de que se acepte su proyecto totalitario. Nunca los etarras habían estado tan fuertes como ahora; no han dejado las armas, ni piensan disolverse y, además, reciben grandes cantidades de dinero de los presupuestos oficiales. No necesitan ya, por lo tanto,   acudir a la habitual extorsión para financiarse. El comunicado de la banda, como todos los suyos, no pasa de ser un acto de propaganda, destinado más bien a felicitarse a sí mismos por lo que han conseguido.

Si analizamos detenidamente las consignas de la manifestación realizada en Bilbao el pasado día 22, veremos que ETA está donde estaba aunque, por cuestión de táctica,  prescinda provisionalmente de las armas. En dicha manifestación ya no se pedía el acercamiento de los presos al País Vasco. Las consignas coreadas pedían claramente la vuelta de los presos de ETA a casa, la amnistía y la independencia. “Sin amnistía no habrá paz” era uno de los gritos que más se repetía. Si el próximo Gobierno que salga de las urnas no se presta al diálogo y cierra el grifo de las concesiones, ETA no dudaría en volver a utilizar las armas. No las entrega por eso. Vale muy poco su palabra.

Gijón, 24 de octubre de 2011

José Luis Valladares Fernández

Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.
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